Homilía Dominical

Cuaresma I

Domingo 1° de Cuaresma

 

El final del pasaje de la carta a los romanos que hemos escuchado hoy nos da la clave para la buena noticia que Dios nos quiere comunicar en este primer domingo de cuaresma de este año.  Así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida.  Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos. 

Me parece que esa declaración de san Pablo está motivada por una pregunta.  ¿Es posible que un solo hombre, Jesús, traiga la salvación para toda la humanidad?  Y san Pablo responde a esa pregunta: si aceptamos que la desobediencia de un solo hombre, Adán, trajo el pecado y la muerte sobre toda la humanidad, ¿no vamos a aceptar, a creer y a alegrarnos de que la obediencia y la santidad de un solo hombre, Cristo, traiga la santidad y la salvación para todos?  Ese es el anuncio gozoso y lleno de esperanza con el que se abre la cuaresma.  El pecado y la muerte han sido vencidas por Cristo y, en unión con él, todo el que tiene fe comparte su victoria sobre el pecado y la muerte.  Si solo Adán configurara nuestra existencia nuestro destino sería la muerte.  Pero si nos dejamos transformar por Cristo, uniéndonos a él, nuestra vocación es la vida y la santidad.

 

Es asombroso constatar cómo la Biblia, cuando cuenta la historia de los orígenes de la humanidad, enseguida aborda, a través del relato, varias preguntas que configuran la existencia humana.  ¿Cuál es el papel que Dios asignó al hombre cuando lo creó?  Respuesta: Lo constituyó administrador de la creación.  Le dio su aliento de vida, lo hizo a su imagen, para que gobernara la creación como su lugarteniente y puso todo cuanto existe a su servicio.  El hombre administra la creación a través de su trabajo, pues cuando lo creó lo puso en un huerto hermoso para que lo cultivara.  Segunda pregunta: ¿Qué significa que la humanidad exista como hombre y como mujer?  Significa que ambos tienen igual dignidad, y están hechos el uno para el otro como ayuda y compañía, y que ambos son fecundos para generar los hijos y educarlos.  ¿Cómo debe ser la relación del hombre y la mujer con Dios que los creó?  Debe ser una relación de reconocimiento, de obediencia, porque Dios quiere que el hombre y la mujer vivan para siempre.  ¿Cómo ha vivido la humanidad esa relación con Dios?  Mal.  Porque el hombre y la mujer han desobedecido los mandamientos de Dios desde el principio.  No porque Dios los hiciera desobedientes y pecadores, sino porque el hombre ha sucumbido a la seducción de ver qué pasa, si no le hace caso a los mandamientos de Dios.  Desde el principio el hombre ha creído que va a descubrir una sabiduría que Dios le esconde y le escamotea y el resultado es que solo descubre que está desnudo y en vez de alcanzar una sabiduría prohibida descubre la vergüenza de la culpa.  Y ¿cómo ha sido la respuesta de Dios a presunción humana?  Ha sido una respuesta de misericordia, de acercamiento, de educación y corrección, para que se cumpla su propósito de que el hombre y la mujer alcancen finalmente la vida para la que Él los creó.  Y por eso envió a Jesucristo a este mundo, para que él cumpliera su designio salvador.

Todos los años leemos en el primer domingo de cuaresma el relato de las tentaciones de Jesús.  La elección está guiada por al menos dos propósitos.  Por una parte, los cuarenta días que Jesús ayunó en el desierto al inicio de su ministerio inspiraron la institución de la cuaresma.  Así como Jesús se retiró al desierto y ayunó cuarenta días y la final venció al demonio, así también los cristianos nos preparamos por cuarenta días para vencer con Cristo en la pascua el pecado y la muerte.  Si se descuentan los domingos, que nunca han sido días de ayuno, desde el miércoles de ceniza hasta el sábado santo hay cuarenta días cabales.  Durante mucho tiempo esos fueron días de ayuno estricto.  Hoy la práctica del ayuno se ha mitigado y hasta desaparecido, pero la propuesta sigue en pie, para que dediquemos estos días cuaresmales a una vida más austera y sobria para centrar nuestra atención en Jesús y su Palabra.  Son días para intensificar la lectura de la Palabra de Dios y para hacer más oración.  Son días para corregirnos y convertirnos a Dios por medio de la confesión.  Y ante todo, son días en los que debemos crecer en obras de caridad y solidaridad con nuestro prójimo, para celebrar con alegría la Pascua de nuestra salvación.

También las tentaciones o pruebas a las que se sometió Jesús al inicio de su ministerio condensan lo que fue su propia vida y nos motivan al iniciar la cuaresma.  No solo al principio de su vida, sino también al final, por boca de un transeúnte, Jesús oyó una propuesta muy parecida a la que le hizo el demonio al inicio de su ministerio: si eres Hijo de Dios, baja de la cruz (Mt 27,40).  Uno puede identificar a lo largo de la vida de Jesús otras escenas que debieron ser pruebas que cuestionaban su fidelidad a Dios, que pretendían desviarlo de asumir su identidad de Hijo de Dios desde la obediencia y la pasión.  Las tres pruebas que nos cuenta san Mateo son tentaciones muy reales, a las nosotros mismos nos vemos sometidos.  En la sugerencia de convertir la piedra en pan para satisfacer la propia hambre late la tentación de instrumentalizar la religión y la fe para beneficio propio, para que nos vea la gente.  La tentación de lanzarse del pináculo del templo es la tentación de la fe milagrera, de hacer de la fe un espectáculo, es la religión que se nos propone por la televisión en tantos “shows” religiosos.  La tentación de adorar al demonio a cambio de los reinos del mundo es la tentación de la vida sin Dios para adorar el poder, la riqueza, la fama, el placer.  Son tentaciones a las que de un modo u otro nos vemos sometidos también nosotros el día de hoy.

Jesús vence al demonio por su fidelidad extrema a Dios.  Elige el camino de la humildad, de la pobreza, de la pasión, de la obediencia en el sufrimiento y de la fidelidad hasta la muerte.  Y así también nos marca un estilo de vida.  Jesús nos enseña que esa es la vida auténtica, ese es el estilo de vida que nos humaniza y nos hace hijos de Dios.  El miércoles pasado recibimos la ceniza, con el propósito de asumir el camino humilde y sencillo de Jesús hasta la Pascua.  Que, unidos a Él, el Señor nos dé la gracia de cumplirlo.

                 
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